¿que es el amor?
El amor (del latín, amor, -ōris) es un concepto universal relativo a la afinidad entre seres, definido de diversas formas según las diferentes ideologías y puntos de vista (científico, filosófico, religioso, artístico). Habitualmente se interpreta como un sentimiento, relacionado con el afecto y el apego, y resultante y productor de una serie de emociones, experiencias y actitudes. Con frecuencia el término se asocia con el amor romántico. Su diversidad de usos y significados, combinada con la complejidad del sentimiento implicado en cada caso, hace que el amor sea especialmente difícil de definir de un modo consistente. Las emociones asociadas al amor pueden ser extremadamente poderosas, llegando con frecuencia a ser irresistibles. Con todo, el amor interpersonal se considera sano o «verdadero» cuando es constructivo para la personalidad, para lo cual es indispensable tener una buena autoestima.
Como concepto abstracto, el amor se considera normalmente un sentimiento profundo e inefable de preocupación cariñosa por otra persona, animal o cosa. Incluso esta limitada concepción del amor, no obstante, abarca una gran cantidad de sentimientos diferentes, desde el deseo pasional y de intimidad del amor romántico hasta la proximidad emocional asexual del amor familiar y el amor platónico,[2] y hasta la profunda unidad de la devoción del amor religioso.[3] En este último terreno, trasciende del sentimiento y pasa a ser la manifestación de un estado del alma o de la conciencia identificada en algunas religiones con Dios mismo. El amor en sus diversas formas actúa como importante facilitador de las relaciones interpersonales y, debido a su importancia psicológica central, es uno de los temas más frecuentes en las artes creativas (música, cine, literatura). Desde el punto de vista de la Biología, parece estar relacionado con la supervivencia del individuo y de la especie; según algunos, no es privativo de la especie humana, y también pueden presentarlo otros animales capaces de establecer nexos emocionales.
Como concepto abstracto, el amor se considera normalmente un sentimiento profundo e inefable de preocupación cariñosa por otra persona, animal o cosa. Incluso esta limitada concepción del amor, no obstante, abarca una gran cantidad de sentimientos diferentes, desde el deseo pasional y de intimidad del amor romántico hasta la proximidad emocional asexual del amor familiar y el amor platónico,[2] y hasta la profunda unidad de la devoción del amor religioso.[3] En este último terreno, trasciende del sentimiento y pasa a ser la manifestación de un estado del alma o de la conciencia identificada en algunas religiones con Dios mismo. El amor en sus diversas formas actúa como importante facilitador de las relaciones interpersonales y, debido a su importancia psicológica central, es uno de los temas más frecuentes en las artes creativas (música, cine, literatura). Desde el punto de vista de la Biología, parece estar relacionado con la supervivencia del individuo y de la especie; según algunos, no es privativo de la especie humana, y también pueden presentarlo otros animales capaces de establecer nexos emocionales.
querer y amar
Querer y amar son dos conceptos diferentes. El primero se aplica más fácil y habitualmente que el segundo.
Querer lo asociamos a desear algo, generalmente con un propósito determinado. Puedo querer a una persona para que me acompañe, me haga sentir bien, me apoye o para que haga lo que yo quiera. Incluso puedo querer a un hijo para que me cuide en mi vejez. Hay siempre una intencionalidad específica en el querer, más o menos altruista, más o menos ética.
El querer conduce al sufrimiento pues se desea algo de otra persona, justificadamente o no. Y como ésta es diferente a mí, es imposible que piense, sienta y actúe exactamente igual a mí. De modo que cualquier expectativa que tenga con ella está condenada a la frustración, pues nunca se comportará exactamente como me gustaría o placería.
Amar en cambio es aceptar al otro tal como es, con sus virtudes y sus defectos. Amar es desear lo mejor para el prójimo, aun cuando no me guste su manera de ser, aun cuando no me acompañe, no me haga sentir bien, no me apoye o no me cuide en mi vejez. Puedo estar en total desacuerdo con otra persona, puedo no quererla, pero sí puedo amarla.
Mientras más ames en tu vida, más feliz y libre serás. Mientras más quieras, más frustración, dolor y prisión habrá en tu vida.
Querer lo asociamos a desear algo, generalmente con un propósito determinado. Puedo querer a una persona para que me acompañe, me haga sentir bien, me apoye o para que haga lo que yo quiera. Incluso puedo querer a un hijo para que me cuide en mi vejez. Hay siempre una intencionalidad específica en el querer, más o menos altruista, más o menos ética.
El querer conduce al sufrimiento pues se desea algo de otra persona, justificadamente o no. Y como ésta es diferente a mí, es imposible que piense, sienta y actúe exactamente igual a mí. De modo que cualquier expectativa que tenga con ella está condenada a la frustración, pues nunca se comportará exactamente como me gustaría o placería.
Amar en cambio es aceptar al otro tal como es, con sus virtudes y sus defectos. Amar es desear lo mejor para el prójimo, aun cuando no me guste su manera de ser, aun cuando no me acompañe, no me haga sentir bien, no me apoye o no me cuide en mi vejez. Puedo estar en total desacuerdo con otra persona, puedo no quererla, pero sí puedo amarla.
Mientras más ames en tu vida, más feliz y libre serás. Mientras más quieras, más frustración, dolor y prisión habrá en tu vida.

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